5 de Julio 2006

*** la mujer del viajero en el tiempo ***

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LA MUJER DEL VIAJERO EN EL TIEMPO de AUDREY NIFFENGGER




PRIMERA PARTE: El hombre que escapaba al tiempo

Primera cita, uno
Sábado 26 de octubre de 1991; Henry tiene 28 años, y Clare, 20
Clare: Hace fresco en la biblioteca, y huele a limpiador de moquetas, a pesar de que observo que el suelo es de mármol. Firmo en el listado de visitantes: «Clare Abshire, 11.15, 26/10/91, Antologías especiales». Nunca había estado en la biblioteca Newberry, y ahora que he traspasado la oscura y sobrecogedora entrada, estoy nerviosa. La biblioteca me inspira la misma sensación que la de una mañana de Navidad, como si se tratara de una enorme caja llena de preciosos libros. El ascensor está poco iluminado, y resulta sorprendentemente silencioso. Me detengo en el tercer piso y relleno un formulario para solicitar el carnet de socia, luego subo al departamento de Antologías Especiales. Los tacones de mis botas repiquetean en el suelo de madera. La sala está en silencio y abarrotada de gente, repleta de sólidas y recias mesas con montones de libros encima y lectores en torno a ellas. La luz matutina y otoñal de Chicago brilla y se cuela por los altos ventanales. Me acerco al mostrador y cojo unos cuantos papelitos de solicitud. Estoy escribiendo un trabajo para la clase de Historia del Arte. Mi tema de investigación es el Chaucer de Kelmscott Press. Voy a buscar el libro y relleno un papelito para pedirlo; pero también quiero consultar textos sobre la confección del papel en Kelmscott. El catálogo es confuso. Regreso al escritorio para pedir ayuda. Mientras le explico a la mujer que me atiende lo que intento localizar, ella echa un vistazo por encima de mi hombro y advierte a alguien que pasa detrás de mí.
—Quizá el señor DeTamble pueda ayudarla —me dice.
Me doy la vuelta, dispuesta a repetir mi explicación, y me encuentro cara a cara con Henry.
Me quedo sin habla. Frente a mí tengo a Henry, tranquilo, vestido y más joven que nunca. Henry trabaja en la biblioteca Newberry, y está de pie, delante de mí, en ese momento. En el presente. Me siento más feliz que unas pascuas. Henry me mira con paciencia, con expresión desconcertada, pero conserva la compostura.
—¿Puedo ayudarla en algo?
—¡Henry! —Apenas puedo contener el impulso de lanzarle los brazos al cuello. Es obvio que no me ha visto en toda su vida.
—¿Nos conocemos? Lo siento, yo no… —Henry mira a su alrededor, le preocupa que los lectores y sus colegas se fijen en nosotros. Rebusca en su memoria y se percata de que una parte futura de sí mismo ha conocido a esta chica feliz y radiante que sigue en pie ante él. La última vez que lo vi fue en el prado, cuando estaba chupándome los dedos de los pies.
Intento explicarle la situación.
—Me llamo Clare Abshire. Te conocí cuando era una niña…
No sé cómo reaccionar, porque estoy enamorada de un hombre que está delante de mí y sin embargo él no guarda ningún recuerdo de mi persona. En lo que a él respecta, todo se emplaza en el futuro. Me entran ganas de reír por lo extraño de la situación. Todo lo que sé de Henry desde hace años me desborda, mientras él me mira perplejo y temeroso: Henry, con los pantalones viejos de pescar de mi padre preguntándome con paciencia las tablas de multiplicar, los verbos en francés y las capitales de los estados; Henry riendo por alguna comida extraña que a mis siete años consideré idónea para llevársela al prado; Henry con esmoquin, desabrochándose los gemelos de la camisa con manos temblorosas el día que cumplí dieciocho años. ¡Ese Henry está aquí mismo, en ese preciso momento!
—Ven a tomar un café conmigo, a cenar o… lo que quieras.
No le queda otra opción que responder que sí, ese Henry que me ama en el pasado, deberá amarme ahora y en el futuro por reverberación, como el chillido de un murciélago procedente de otros tiempos. Para mi inmenso alivio, responde afirmativamente, y quedamos en encontrarnos por la noche en un restaurante tailandés de las inmediaciones, todo bajo la mirada incrédula de la mujer que sigue tras el mostrador. Luego me marcho; he olvidado a Kelmscott y Chaucer. Bajo como si flotara por las escaleras de mármol que dan al vestíbulo para salir al sol de octubre de Chicago y me alejo corriendo por el parque, espantando perritos y ardillas, gritando de felicidad.

Henry: Es un día de octubre como otro cualquiera, soleado y frío, tonificante. Estoy trabajando en la habitación sin ventanas, en una atmósfera sin humedad, que hay en el cuarto piso de Newberry, catalogando una colección de papeles marmolados que han donado recientemente. Los papeles son preciosos, pero la catalogación resulta muy pesada, me aburro y compadezco mi suerte. De hecho, me siento viejo, viejo como solo un tipo de veintiocho años puede sentirse después de haberse pasado despierto casi toda la noche bebiendo un vodka malo y caro e intentando, sin éxito alguno, congeniar como antes con Ingrid Carmichel. Nos hemos pasado toda la noche peleando, y ahora ni siquiera recuerdo el porqué. La cabeza me martillea. Necesito tomar un café. Dejo los papeles marmolados en un estado de caos controlado y paso por el despacho y junto al mostrador del bedel que hay en la sala de lectura. Me detengo, no obstante, al oír la voz de Isabelle que dice:
—Quizá el señor DeTamble pueda ayudarla. —Lo que significa: «Henry, rata asquerosa, ¿hacia dónde crees que te escurres?».
Esa chica alta y delgada, con el pelo color ámbar y asombrosamente hermosa se vuelve y me mira como si yo fuera su redentor personal. Me da un vuelco el corazón. Es obvio que me conoce, a pesar de que yo no la conozco de nada. Solo Dios sabe lo que debo de haber dicho, hecho o prometido a esa luminosa criatura. Por lo tanto, me veo obligado a decir en mi mejor lengua del país de los bibliotecarios:
—¿Puedo ayudarla en algo?
La chica pronuncia mi nombre casi sin aliento, de ese modo tan evocador que me convence de que en algún momento hemos vivido una historia sorprendente. Lo cual no contribuye en absoluto a mitigar el hecho de que lo desconozca todo de ella, incluso su nombre.
—¿Nos conocemos? —me aventuro a preguntarle.
Isabelle me dedica una mirada que significa «¡Imbécil!», pero la chica me dice que se llama Clare Abshire, y que me conoció cuando era pequeña. Luego me invita a cenar. Yo acepto, conmocionado. Me sonríe de oreja a oreja, aunque voy sin afeitar, tengo resaca y no me encuentro en uno de mis mejores momentos. Hemos quedado para ir a cenar esa misma noche en el Beau Thai, y Clare, después de asegurarse de que acudiré a la cita, sale de la sala de lectura como una exhalación.
Mientras estoy en el ascensor, siento un ligero vértigo y me doy cuenta de que una buena parte de mi vida futura en clave de billete de lotería ganador me ha encontrado de algún modo aquí, en el presente, y empiezo a reír. Atravieso el vestíbulo, y mientras bajo corriendo las escaleras que conducen a la calle, veo a Clare que se apresura por Washington Square saltando y chillando, y yo estoy a punto de llorar y no sé por qué. [...]

© 2003, Audrey Niffenegger
© 2005, Silvia Alemany Vilalta, por la traducción
© 2005, Grupo Editorial Random House Mondadori, S. L.

Escrito por Aethyr a las 5 de Julio 2006 a las 12:28 PM | TrackBack
Comentarios

Que gran libro...si señor

Escrito por H. a las 5 de Julio 2006 a las 02:43 PM

SABEIS LO QUE ES UNA TONTERÍA ???
POS EMPUJAR CUANDO ESTÁ TOA METÍA...

...mmm

Escrito por FLORILIO a las 6 de Julio 2006 a las 01:44 PM

Buenas, escribo para reclamar textos, párrafos, frases, enlaces, fotos, que está un poco paraillo el blog, y nuestro estimado Sr. Jillo está mu liao y no le puede dedicar mucho tiempo.

A mi es que de momento no se me ocurre mucho, me paso el día buscando cosas por pal curro...haciendo fotos, dibujitos, montajes...y no tengo nada propio publicado, excepto mis letras de aquí.

He descubierto el fenómeno este de los blogs y a veces me he despistao durannte horas leyendo personas ( como un voyeur de las letras y de lo personal ), mmm...y yo no tengo un blog de estos...
en fin, que a ver si le escribimos y le aportamos cosita al niño, que esto está mu parao, ESTAMOS?

UN SALUDO MU FUERTE PA TOS ESOS PARTICIPES DEL LUGAR
Bon dia tingueu

Escrito por florilio a las 10 de Julio 2006 a las 02:54 PM

(Ap. 18:1) Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. {2} Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, Ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. {3} Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. {4} Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; {5} porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. {6} Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. {7} Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto; {8} por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga.

Escrito por flori a las 28 de Julio 2006 a las 01:27 PM
Koméntame algo anda, ke es gratixxx









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